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La LUZ y la muerte

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Los mexicanos no somos ajenos al simbolismo de la luz, sobre todo en los días donde celebramos la muerte, esta es un elemento sumamente importante en nuestros ritos, indicando nuestra conexión con el todo y recordándonos que somos un destello de la divinidad.
La luz como un símbolo se ha encontrado presente desde el inicio mismo de la civilización, cuando los hombres empezaron a tratar de entender cómo funciona el mundo y a darle un sentido a los fenómenos naturales a través de la ritualización, el fuego siempre ha sido el dador de luz y un guerrero que todos los días se levanta para vencer a las tinieblas.

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En este juego de pares de opuestos donde la luz representa el bien, lo bueno, lo ejemplar, y el calor como sensación de protección y beneplácito, se encuentra también la oscuridad, la noche, que ha sido desde siempre su contraparte, muchas veces dotada de una carga impía. La percepción de la luz es una experiencia sensorial con aspectos tanto físicos como emocionales. Las fuentes de luz natural han dado lugar a asociaciones que hoy se encuentran profundamente arraigadas en la psique humana. Sentimos que la luz del sol nos ofrece seguridad, calidez y claridad de visión, mientras que la luz de la luna y de las estrellas es mágica y misteriosa e induce al romance, a la contemplación y al asombro.

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Entre nuestros altares para el día de muertos, la luz es un ingrediente sin el cual nuestras ofrendas no lucirían igual, el sentido de la luz juega un papel tanto simbólico, como compositivo, dotando con un toque de misticismo y magia nuestros hogares, y al ser casi siempre luz proveniente de fuego, contribuye a crear una atmosfera alrededor de la ofrenda.

El poner una ofrenda tiene patrones que se pueden seguir, pero no son rigurosos, es nuestra propia liturgia a los muertos, la tradición se ha ido conformando y adaptando a los tiempos que se viven, sin embargo, la actitud es la misma, siempre damos la bienvenida a la muerte de manera festiva, siempre invitándole a compartir nuestra mesa, nuestros alimentos y nuestra #LUZ que no es más que nuestro propio fuego, calidez y amor. El fuego representa toda la presencia de la magnanimidad y la indulgencia que nos permite convivir, al menos en nuestro inconsciente, con las personas que ya no están con nosotros.

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El fuego y por lo tanto la luz es nuestro vehículo en estas fechas para sabernos humanos, carne perene que se va caducando con cada minuto que pasa, la celebración del día de muertos en México revela un carácter donde nos burlamos de esa mortalidad, y reconocemos nuestra otredad y nuestra propia existencia. Es también la luz aquella que nos recuerda que somos parte de ese infinito cósmico que nos aguarda, nos cuida y nos vigila, y al que siempre volveremos cuando nuestra llama se haya apagado.

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