Una celebración muy antigua que data de los tiempos en que los hombres veneraban a los elementos y a los astros naturales es el denominado tsukimi (月見) o festival de “contemplación de la luna”. Este se celebrará el día 4 de octubre este año y marca su inicio entre la mitad de septiembre y los primeros días de octubre.

En el antiguo calendario japonés, el mes de septiembre recibía el nombre de nagatsuki, “el mes en el que las noches se alargan”, ya que al llegar el otoño, los días se van haciendo más cortos, este nombre también  puede ser la abreviatura de nagametsuki, el “mes de las lluvias duraderas”, debido a que los días de lluvia ocurren en este mes. También se le conoce  como kikusatsuki, “el mes en el que florecen los crisantemos” e irodoritsuki, “el mes de los colores”.

Acorde al calendario lunar, la luna llena que aparece alrededor del mes de septiembre recibe el nombre de luna de mediados de otoño, o chūshū no meigetsu en japonés y se hizo costumbre organizar fiestas para su contemplación debido a su extraordinario brillo y difusión de la luz,  y al mismo tiempo festejar la llegada del otoño. De aquí viene el nombre de este evento, tsukimi, ya que los kanji que la componen, 月見, significan precisamente eso: mirar la luna. Los japoneses añaden al principio la partícula de respeto お (o), así que en Japón a este evento se le conoce como otsukimi (お月見).

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Chiyoda Castle (Album of women 1895)

Esta tradición originalmente nacida en China,  se extendió luego al archipiélago japones en el periodo Heian (794-1185) donde las casas se decoraban para la ocasión y se ofrecían a la luna pequeños buñuelos de harina de arroz (dango) junto con pequeñas muestras de las cosechas de otoño para que bajo el influjo lunar estas recibieran las bendiciones y los buenos augurios para las futuras cosechas.

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Junto a los tsukimi dango, los japoneses preparan una serie de ofrendas para los dioses que colocan a la luz de la luna, una de las mas importantes  son las ramas de susuki (pampas, cultivos agrícolas como el trigo o el maíz) para proteger las cosechas, que se consideran también como depositario del espíritu mismo de la luna durante las celebraciones, conocido como Yorishiro

Susuki a la luz de la luna.

Susuki a la luz de la luna.

Durante esta celebración es muy común la creencia de que se puede ver el conejo que hay en la luna, esta es una leyenda Budista originaria de la India que se transmitió y adaptó en China en en forma de “Festival de la Luna” y en Japón se adaptó en forma de “Tsukimi”.

Según una leyenda, Buddha en una de sus reencarnaciones fue un conejo que tenía como amigos a un mono, una zorra y una nutria. Un día el Buddha-Conejo propuso a sus amigos que los días de luna llena buscarían comida extra y se la darían a gente hambrienta. El primer día que hubo luna llena, el mono trajo plátanos, la zorra un cervatillo, y la nutria trajo pescado. Pero el Buddha-Conejo no pudo traer nada, porque lo único que comía era hierba y eso no lo comen los humanos. El Buddha-Conejo se dió cuenta del gran problema en el que se había metido y decidió que ofrecería su carne como comida. Comunicó su decisión al “Rey del cielo”. Cuando llegó el momento, el “Rey del cielo” creó una fogata y el Buddha-Conejo se saltó dentro de ella. Pero el fuego que había creado el “Rey del cielo” no estaba caliente, el Buddha-Conejo no se quemó. El Buddha-Conejo se quejó de que ese fuego no quemaba y el “Rey del cielo” le dijo “Lo importante es que tuviste buena voluntad y fuiste sincero cumpliendo tu promesa de dar tu propia carne como comida. Tu buena voluntad y tu proeza no serán olvidados”. A continuación, el “Rey del cielo” dibujó un enorme conejo en la superficie de la Luna que recordaría a todas las futuras generaciones la proeza y la buena voluntad del Buddha-Conejo.

Durante el período Heian los miembros de la clase aristocrática se reunían bordo de sus embarcaciones con el fin de ver el reflejo de la luna sobre la superficie del agua y recitar poesía bajo la luna llena.

Durante el período Heian los miembros de la clase aristocrática se reunían bordo de sus embarcaciones con el fin de ver el reflejo sobre la superficie del agua y recitar poesía bajo la luna llena.

Tradicionalmente, esta costumbre era practicada por los miembros de la  corte imperial, en lugares de gran belleza natural y tranquilidad. Hoy es complicado encontrar un lugar parecido en el Japón moderno para recrear esta tranquila contemplación de la luna, sobre todo debido a la contaminación lumínica, pero a pesar de esto los japoneses siguen disfrutando de esta actividad como una forma de culto a la luna y un ritual de bendiciones.

Redacción Lightroom

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